Δευτέρα 15 Απριλίου 2019

Presentación del libro de Harry Villegas “Pombo, Cuba y Angola: la guerra por la libertad.

José Oriol Marrero Martínez
Atenas, 6 de abril de 2019

La victoria de las fuerzas internacionalistas voluntarias cubanas sobre el régimen de Sudáfrica, junto a los hermanos angolanos y namibios, condicionó la caída del fascismo supremacista blanco, del apartheid nuclear, pues se conocía que Sudáfrica disponía en su arsenal de una cantidad tres veces mayor de bombas atómicas que las que lanzó EE. UU contra niños, mujeres y ancianos en Hiroshima y Nagasaki.

Sin embargo, cuando termina una guerra justa y victoriosa, comienza otra: la guerra contra la tergiversación de la verdad, la guerra por la verdad. Esta regularidad se cumple sobre todo después de las victorias sobre el fascismo: Europa, 1945 y África, 1988. Y se cumple otra: ambas victorias antifascistas las alcanzó el Socialismo.


Tanto Mandela como Fidel denunciaron temprano la tergiversación de la verdad sobre la guerra de Angola e insistieron en la necesidad de preservar su historia limpia de manipulaciones. El primer presidente negro de Sudáfrica alertó que: “es un deber que no se borre de la memoria histórica esta página de solidaridad que cambió la historia del mundo”.

Y en 2005, cuando se cumplió el 30 aniversario de la llegada de los primeros internacionalistas cubanos a Angola, Fidel Castro llamó la atención sobre este mismo asunto, cito: “la heroica solidaridad de Cuba con los pueblos hermanos no ha sido suficientemente conocida (…) aquella extraordinaria epopeya nunca ha sido narrada cabalmente (…) el imperialismo yanqui realiza un extraordinario esfuerzo para que el nombre de Cuba no aparezca siquiera en los eventos conmemorativos.  Para colmo, pretende reescribir la historia:  Cuba al parecer nunca tuvo absolutamente nada que ver con la independencia de Angola, la independencia de Namibia y la derrota de las hasta entonces invencibles fuerzas del ejército del apartheid; Cuba ni siquiera existe, todo fue obra de la casualidad y la imaginación de los pueblos.  El gobierno de Estados Unidos no tiene nada que ver en absoluto con los cientos de miles de angolanos asesinados, miles de aldeas arrasadas, millones de minas sembradas en suelo angolano, donde constantemente cobran todavía muchas vidas de niños, mujeres y civiles de ese país. Esto constituye un insulto a los pueblos de Angola, Namibia y Sudáfrica, que tanto lucharon, y una grosera injusticia contra Cuba, el único país no africano que combatió y derramó su sangre por África y contra el oprobioso régimen del apartheid”. Fin de la cita.

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Se comprenderá por qué, el pueblo cubano agradece a sus organizadores el desarrollo de este encuentro, un gesto profundamente solidario, necesario y fraternal. Uno más.


El pueblo cubano agradece, por valioso y digno, el propósito de quienes han posibilitado publicar en lengua griega, Cuba y Angola: la guerra por la libertad, testimonio del General de Brigada -retirado- Harry Villegas, a quien su jefe Ernesto Guevara puso el nombre de guerra de “Pombo” en 1965, durante una de las misiones que ambos cumplieron.

Tanto a los editores del libro, como a los organizadores de esta presentación, llegue el más profundo agradecimiento en nombre de los combatientes internacionalistas cubanos de la guerra de Angola. Y llegue, desde su inmortalidad y gloria, el agradecimiento de los 2077 cubanos muertos en combate. Actos como este confirman, también desde Grecia, que ellos no derramaron su sangre en vano.

A las personas aquí presentes, la historia reservó un privilegio: asistir al lanzamiento del primer libro editado en griego sobre la lucha del contingente internacionalista voluntario cubano en la guerra de Angola (1975-1991).

Leer este libro será una manera de estar en los campos de batalla de la epopeya anticolonialista, antiimperialista y antifascista del último cuarto del siglo XX en África; será un camino para saber la verdad sobre un hecho que se pretende manipular y tergiversar. Y será, sobre todo, un arma para sumarse a la guerra por la verdad, que no es tema menor.

El libro del General Harry Villegas “Pombo”: Cuba y Angola: la guerra por la libertad, es una lectura imprescindible. El lector encontrará un índice estructurado temáticamente en 8 capítulos, en los que se describen heroicas batallas, como Cangamba o Cuito. En otros analiza el internacionalismo de Cuba en África, la caída del imperio portugués y la derrota de la primera invasión sudafricana de Angola. Un capítulo analiza el papel de la UNITA y Sudáfrica en la guerra irregular dentro de Angola, entre 1976 y 1987. Otro está dedicado a las Misiones internacionalistas en Etiopía y Mozambique. Finalmente se aborda el estratégico papel jugado por Fidel Castro en la dirección de la guerra de Angola.

Harry Villegas, “Pombo”, tiene un largo historial revolucionario y combativo. Participó en actividades clandestinas contra la tiranía de Fulgencio Batista, apoyada por Estados Unidos; con 17 años se incorporó al Ejército Rebelde comandado por Fidel en la Sierra Maestra; miembro de la Columna nro. 4 comandada por el Che. Con ella participó en la estratégica batalla final de la Guerra de Liberación, la Batalla de Santa Clara; jefe de la escolta del Che al triunfo de la Revolución; marchó como voluntario a una misión militar internacionalista y combatió en el Congo en 1965; durante 1966 y 1967 combatió en la Guerrilla del Che en Bolivia. Como se sabe, en la quebrada de El Yuro cae el Che. Un grupo de tres cubanos y dos bolivianos comandados por Pombo logran romper el fuerte cerco de las tropas del ejército boliviano apoyadas por la CIA. Logra pasar a Chile, y en 1968 retornar a Cuba.

En los años ´70 fue designado Jefe de la Brigada de la Frontera, una Unidad Militar cubana ubicada en el territorio cercano a la Base Naval de Guantánamo, ilegalmente ocupada por Estados Unidos; entre 1977 y 1979 se desempeñó como Jefe del Regimiento de Infantería Motorizada en la Región Norte de Angola y ayudó a dirigir la Misión Militar Cubana en Angola (MMCA); en 1979 fungió como Jefe del Regimiento de Infantería Motorizada de la División de Tanques de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR); en 1981-1988 es designado Enlace entre el Alto Mando Cubano en Angola y el Puesto de Mando Especial de las FAR en La Habana, dirigido por Fidel Castro.

Luego de la victoria de Cuito Cuanavale, en 1988, permanece en Angola como Jefe de Operaciones de la MMCA. Culminó su misión en 1990, conjuntamente con el Jefe de la MMCA, Héroe de la República de Cuba, General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintras Frías, Ministro de las FAR y Jefe de la estratégica batalla de Cuito Cuanavale.

Pombo” es Héroe de la República de Cuba desde 1995, máximo honor del Estado cubano. Posee más de 50 medallas y condecoraciones. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba. Tiene el privilegio de haber estado presente en la Sierra Maestra, en la Columna del Che, en la Batalla de Santa Clara, en el Congo, en Bolivia con el Che, en la Brigada de la Frontera, en la mayoría de las etapas de la guerra de Angola. Fue testigo-protagonista excepcional de la consolidación de la independencia de Angola, de la independencia de Namibia y de la precipitación de la caída del apartheid. Un humilde campesino oriundo de Yara, en el remoto Oriente cubano.

Al igual que cada miembro del contingente internacionalista cubano, “Pombo” fue a la guerra de Angola de manera voluntaria y sin recibir absolutamente nada personal a cambio. Era oficial. Dos veces resultó herido. Se sabe que la cuarta parte de los cubanos caídos en combates eran oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, desde el grado de sargento hasta el grado de General. Tan pronto como el 11 de diciembre de 1975 cae en combate el primer General cubano muerto en Angola, durante la batalla de Ebo, cuando una mina antitanque destruyó su blindado, el General Raúl Diaz-Argüelles ¿Edad? 39 años.

Cuba y Angola: la guerra por la libertad, es un valioso testimonio, -entre otros existentes y otros que verán la luz-, sobre la más relevante, arriesgada, estratégica y brillante página del internacionalismo de la Revolución cubana: la participación de un contingente voluntario de 381 432 soldados y oficiales cubanos en la guerra por la Independencia nacional de la República Popular de Angola, entre 1975 y 1991, a solicitud del gobierno legítimo de dicha hermana nación africana, Presidido por el fundador de la Independencia de Angola, Dr. Agostino Neto.

Este libro, además de un valioso testimonio sobre una parte importante de la epopeya cubana en África, constituye un tributo a los combatientes internacionalistas cubanos que tomaron parte en esa gesta, lo cual se añade al reciente reconocimiento que el pueblo angolano y los pueblos de los países del África Austral ofrecieron a los héroes y mártires cubanos y africanos que participaron en la liberación de esas naciones africanas, reflejado en la aprobación por la Asamblea Nacional de Angola y por la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADEC, siglas en inglés) de considerar el 23 de marzo, fecha de la victoria en Cuito Cuanavale, como el Día de la Liberación del África Austral. Este tributo fue lanzado públicamente el pasado 23 marzo, durante la celebración del 31 Aniversario del triunfo en Cuito Cuanavale, en el que participaron jefes de estado y representantes de los gobiernos de la SADEC, así como el Primer Vicepresidente de Cuba Salvador Valdés Mesa, en cumplimiento de la invitación que el presidente de Angola Joao João Manuel Gonçalves Lourenço formulara al presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, para asistir a la mencionada conmemoración. Ocasión en que se le entregó al pueblo cubano la medalla al Mérito Militar de primer grado.

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La independencia de Angola en 1975 -luego de 500 años de colonialismo-, dolorosamente no tuvo una ruta pacífica, porque nunca es pacífica La Ruta del Esclavo. Debió conquistarse al precio de cientos de miles de vidas, de los horrores de una larga guerra impuesta por los intereses del imperialismo norteamericano.

Es bien sabido que EE.UU organizó y puso en marcha un plan encubierto para atenazar militarmente a Angola por el norte y por el sur, utilizando al ejército de Sudáfrica (Sur), al de Zaire (Norte), a la Unión Nacional para la Independencia Total del Angola (UNITA) de Jonas Savimbi (Sur y centro, apoyada por la CIA y Sudáfrica) y al Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) de Holden Roberto (Norte, apoyado por la CIA y Zaire).

El FNLA y la UNITA mantenían una larga, probada y estrecha relación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Fueron bastamente apoyadas militar, económica y técnicamente por EEUU. Una inolvidable “curiosidad” es que, a veces en las noches claras, se veían más satélites sobrevolar el estrellado cielo del Frente Sur de Angola, que estrellas en el cielo.

Las fuerzas patrióticas, independentistas, antimperialistas y anticolonialistas angolanas eran mayoría, y contaban con una mayor base social, estaban unidas en torno el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), presidido por su líder histórico el doctor Agostino Neto, cuyo brazo armado eran las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA). Neto contaba con el apoyo de los pueblos africanos y el reconocimiento del mundo, había organizado y dirigido la resistencia de Angola durante años. Angola era la más grande y rica colonia portuguesa en África.

En 1974 tiene lugar la llamada Revolución de los claveles en Portugal, encabezada por jóvenes oficiales. Cae la dictadura fascista y el imperio colonial. Portugal, que ya veía muy debilitado su poder en Angola, Guinea Bissau, Cabo Verde, Sao Tomé y Príncipe y Mozambique, especialmente tras la victoria guerra anticolonial en Guinea Bissau, bajo la dirección de Amílcar Cabral, otorga la Independencia a todas sus colonias africanas. Es fijada la fecha del 11 de noviembre de 1975 como día de la Independencia de Angola.

En lugar de usar las prácticas pacíficas y democráticas para la lucha política, las fuerzas imperialistas organizan una ofensiva militar con el fin tomar de Luanda el día fijado para su Independencia, convertir a Angola en un condominio de Zaire e implantar un gobierno títere bajo la égida de Mobuto y del fascismo sudafricano.

En correspondencia con dicha estrategia se puso en marcha una ofensiva militar desde el norte: proveniente de Zaire (Congo) y Rodesia (ahora Zimbabwue). Conforme al diseño yanqui, en octubre de 1975 la República Sudafricana invade también Angola por el sur, con columnas procedentes de la fronteriza y colonizada Namibia, las cuales avanzaron hacia Luanda, a gran profundidad dentro de Angola, en lo que sería la primera gran invasión sudafricana de Angola.

Se juntaron dos grandes ofensivas: una desde el norte y otra desde el Sur, con el fin de emparedar a Luanda y asfixiar militarmente a las FAPLA -lo que tal vez hubiese sido prácticamente inevitable-, e impedir militarmente la Independencia de Angola. El FNLA de Holden Roberto y la UNITA de Savimbi participan en estas ofensivas al lado de los invasores extranjeros.

Mobuto Sese Seko, militarcleptócrata y dictador de la República de Zaire, a quien Ronald Reagan bautizó cínicamente como “luchador por la libertad”, quería, en adición, anexionar a Zaire la provincia angolana de Cabinda, muy rica en petróleo y otros importantes recursos naturales.

Para octubre de 1975, cuando comienzan los ataques e invasiones por el norte y por el sur, sólo había en Angola un contingente de 480 instructores militares cubanos, que eran asesores de las FAPLA, no eran unidades combativas.

Este apoyo cubano a las FAPLA había sido coordinado desde 1965 por el Che Guevara y Agostino Neto cuando la misión del Che, Pombo y otros voluntarios cubanos en el Congo, aunque ya desde 1964 comenzó la colaboración de Cuba con la lucha independentista en Angola y Guinea Bissau, que consistió esencialmente en la preparación de cuadros, envío de instructores y ayuda material. Particularmente en Guinea Bissau, que logró su independencia de Portugal en 1974, unos 60 internacionalistas voluntarios cubanos, entre ellos 10 médicos, permanecieron junto a las guerrillas durante 10 años, desde 1964.

En los primeros ataques sudafricanos de 1975 y en desiguales combates, ocho de los instructores cubanos perdieron la vida y siete resultaron heridos, peleando junto a sus alumnos angolanos. Era la primera vez que se juntaba sangre cubana y angolana para abonar la libertad de ese sufrido país. Los sudafricanos perdieron seis carros blindados, y nunca rebelaron la cifra de las cuantiosas bajas sufridas por sus soldados.

Considerando la grave situación creada hacia octubre de 1975, el gobierno provisional de Angola solicitó ayuda militar a Cuba para frenar las intervenciones extranjeras. Cuba, luego de dicha solicitud y sin vacilar, organizó una urgente acción militar, cuyo nombre en clave fue Operación Carlota. Según Fidel Castro, esta sería “la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país”. Documentos oficiales norteamericanos desclasificados después permiten saber que ni el presidente de EEUU, ni Kissinger, ni los servicios de inteligencia de dicho país imaginaron la participación de Cuba en esa lucha. Nunca un país del Tercer Mundo había actuado en apoyo de otro pueblo en un conflicto militar más allá de su vecindad geográfica. En este caso la ayuda se brindó a 12 mil kilómetros de distancia. Según Nelson Mandela, “en la historia de África es inédito que otro pueblo se haya alzado en defensa de uno de nosotros”.


En esencia, la decisión tomada por la Alta Dirección de la Revolución cubana en octubre de 1975 se basó en que la vida de los instructores cubanos que ya peleaban en Angola no se dejaría a su suerte, ni tampoco la de los combatientes angolanos, menos aún la independencia de Angola, luego de una larga lucha contra el imperialismo y el fascismo. Con la adopción de esta decisión estratégica comenzó la arriesgada y heroica Operación Carlota, hace ya 44 años, cuyo relato como participante directo nos regala Pombo hoy en Atenas, en lengua griega.

Así, una fuerza de 200 combatientes cubanos -de Tropas Especiales y además 6 dotaciones de Artillería Reactiva-, es enviada a Luanda por aire y mar en completa disposición combativa. Llegan a Angola y entran en combate de inmediato. Como resultado, las fuerzas invasoras que se aproximaban a Luanda son detenidas o aniquiladas, y abandonan el campo de batalla de manera desorganizada, en pánico, ante la inesperada, eficaz y potente respuesta artillera cubana.
Esto ocurrió un día antes del 11/11, pues aún el 10/11 se dirimía en la batalla quien llegaría primero a Luanda al día siguiente.

Al día siguiente Agostino Neto es proclamado presidente de Angola, y se declara oficialmente la Independencia nacional de dicho país, liderada por el MPLA.

A finales de noviembre de 1975 se detuvo totalmente la agresión enemiga en el norte y en el sur. Como parte de la Operación Carlota, unidades completas de tanques, artillería terrestre y antiaérea, y unidades de infantería blindada hasta nivel de brigada, son transportados hacia Angola por buques de la Marina Mercante cubana. En abril de 1976 ya habían arribado 36 000 voluntarios cubanos, quienes atacaron al enemigo principal por el sur y lo hicieron retroceder hasta su punto de partida, la frontera entre Angola y Namibia, mil kilómetros más abajo del punto a donde habían llegado en la profundidad de Angola.

Por el norte, en pocas semanas las tropas regulares de Mobuto y los mercenarios fueron lanzados al otro lado de la frontera. Por el sur, el 27 de marzo de 1976 el último soldado de Sudáfrica abandonó tierra de Angola.

Después de expulsar a los invasores y con una fuerte agrupación de tropas cubanas sobre el terreno, desde abril de 1976 cambió estratégicamente la correlación de fuerzas en Angola. Cuba era partidaria de exigir a Sudáfrica un precio por su aventura:  la aplicación de la Resolución nro. 435 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la independencia de Namibia.

El gobierno soviético presionaba fuertemente solicitando la rápida retirada cubana, preocupado por las posibles reacciones de EE.UU. Tras serias objeciones de Cuba, no quedó otra alternativa que aceptar, aunque sólo en parte, la demanda soviética.  Ellos, aunque no fueron consultados sobre la decisión cubana de enviar tropas a la República Popular de Angola, habían decidido posteriormente suministrar armamento para la creación del ejército angolano y habían respondido positivamente a determinadas solicitudes cubanas de recursos a lo largo de la guerra.  El propio Fidel dijo en 2005, cito, que “no habría perspectiva posible para Angola sin el apoyo político y logístico de la URSS después del triunfo”. Fin de a cita.

Ante la situación creada en abril de 1976, Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, viajó a Angola para analizar con el presidente Neto la inevitable necesidad de proceder a la retirada gradual y progresiva de las tropas cubanas, que sumaban 36.000 efectivos, en un lapso de tres años, tiempo que ambas partes, Cuba y Angola, consideraron suficiente para formar un fuerte ejército angolano. Mientras tanto, Cuba mantendría fuertes unidades de combate en las alturas de la meseta central, a 250 kilómetros aproximadamente de la frontera con Namibia. Neto comprendió los argumentos y accedió al programa de retirada de las fuerzas cubanas.

Cuando en marzo de 1977 Fidel Castro visitó Angola para felicitar personalmente por la victoria a los combatientes angolanos y cubanos, ya habían regresado a Cuba unos 12.000 internacionalistas, es decir, la tercera parte de las fuerzas.

El plan de retirada se cumplía hasta ese instante según lo previsto. Pero Estados Unidos y Sudáfrica no estaban satisfechos. El empecinamiento de ambas potencias, las constantes intervenciones y los ataques continuados, hicieron necesario el apoyo directo al pueblo de Angola durante más de 15 años, a pesar de lo acordado en el primer cronograma de retirada.

Las masacres de Kassinga, Boma, Novo Katengue y Sumbe, son escenarios de los crímenes del apartheid contra los pueblos de Namibia, Zimbabwe, África del Sur y Angola, y ejemplos de la solidaridad combativa cubana frente al enemigo común.

El ataque y masacre en la ciudad de Sumbe es elocuente acerca de sus criminales intenciones. Allí no había tropas cubanas ni angolanas, solo médicos, profesores, constructores y otros colaboradores civiles cubanos que el enemigo pretendía secuestrar. Pero los civiles cubanos combatieron heroicamente junto a sus hermanos angolanos, resistieron hasta que la llegada de refuerzos puso en fuga al agresor. Siete civiles cubanos cayeron en el desigual enfrentamiento.

De estos hechos nos habla Pombo en Cuba y Angola: la guerra por la libertad, cuya lectura permitirá también conocer las diferencias en las concepciones de estrategia y táctica entre cubanos y soviéticos. Cuba formó a decenas de miles de soldados angolanos y asesoró en la instrucción y los combates a las tropas de ese país.  Los soviéticos asesoraban a la alta dirección militar y suministraban a las Fuerzas Armadas angolanas las armas necesarias.  Sin embargo, determinadas acciones originadas en el asesoramiento superior, según Fidel, cito, cito, “nos ocasionaron no pocos dolores de cabeza.  No obstante, siempre prevaleció entre militares cubanos y soviéticos un gran respeto y profundos sentimientos de solidaridad y comprensión”. Fin de la cita.

Los estrategas soviéticos no asumieron la experiencia de la guerra irregular, como hubiese sido deseable según las características de la guerra en Angola, y se inclinaron por planificar grandes acciones militares al estilo de operaciones puestas en práctica en otros textos y contextos. Cuba alertaba sobre la necesidad y conveniencia de garantizar pequeñas victorias sucesivas aplastantes, y discrepaba de la concepción del Mando soviético de empeñarse en grandes batallas, que a la postre -y es la verdad histórica-, fueron exitosas cuando realista y escrupulosamente las organizó el Mando cubano: la batalla estratégica de Cuito Cuanavale y la gran ofensiva hacia la frontera con Namibia.

Es un hecho que tuvieron lugar determinadas acciones militares diseñadas por el Mando soviético, como los ataques a Mavinga o Jamba, con los cuales Cuba no estuvo de acuerdo-, y que lamentablemente se saldaron con la muerte de miles de soldados angolanos, quienes quedaron a boca de jarro bajo el alcance -entonces impune- de la aviación sudafricana que -todavía- controlaba el cielo.

Motivada por razones fascistas e imperiales y envalentonada por algunos de los citados errores estratégicos y tácticos, a finales de 1987 el ejército de Sudáfrica, apoyado por Estados Unidos, invade por segunda vez y en gran escala Angola, poniendo seriamente en peligro su estabilidad.
Ante la nueva y gravísima invasión, Cuba decide que ésta marcó el momento de “cortarle las manos” definitivamente a Sudáfrica y así evitar que “desbaratara” las fuerzas angolanas. Ello le fue informado oportunamente como decisión -no en calidad de consulta- a la URSS, durante una visita del canciller Eduard Shevarnadtse a La Habana.

Fidel Castro describió en 2005 de la siguiente manera la situación creada, cuyos detalles son ampliados por Harry Villegas. Cito,

Sudáfrica y Estados Unidos -dijo Fidel-, lanzaron el último y más amenazador golpe contra una fuerte agrupación de tropas angolanas que avanzaba por terrenos arenosos en dirección a Jamba, en el límite suroriental de la frontera de Angola, donde se suponía radicaba el puesto de mando de Savimbi, ofensivas a las que siempre nos habíamos opuesto si no se prohibía a Sudáfrica intervenir a última hora con su aviación, su poderosa artillería y sus fuerzas blindadas. Una vez más se repitió la conocida historia.  El enemigo, sumamente envalentonado, avanzaba después en profundidad hacia Cuito Cuanavale, antigua base aérea de la OTAN, y se preparaba para asestar un golpe mortal contra Angola”.

Continúa Fidel,

Desesperadas llamadas de apoyo a la Agrupación de Tropas Cubanas se producían, por parte del gobierno angolano, ante el desastre creado, sin duda el mayor de todos en una operación militar en la que, como otras veces, no teníamos responsabilidad alguna….En un esfuerzo titánico, pese al serio peligro de agresión militar que también se cernía sobre nosotros, la alta dirección política y militar de Cuba decidió reunir a las fuerzas necesarias para asestar un golpe definitivo a las fuerzas sudafricanas”.  

Nuestra patria repitió de nuevo la proeza de 1975.  Un río de unidades y medios de combate cruzó rápidamente el Atlántico y desembarcó en la costa sur de Angola para atacar por el suroeste en dirección a Namibia mientras, 800 kilómetros hacia el este, unidades selectas avanzaron hacia Cuito Cuanavale y allí, en unión de las fuerzas angolanas que se replegaban, prepararon una trampa mortal a las poderosas fuerzas sudafricanas que avanzaban hacia aquella gran base aérea”.

Esta vez se habían reunido 55 000 soldados cubanos en Angola. De este modo, mientras en Cuito Cuanavale las tropas sudafricanas eran desangradas, por el suroeste, 40.000 soldados cubanos y 30.000 angolanos, apoyados aproximadamente por 600 tanques, cientos de piezas de artillería, 1.000 armas antiaéreas, y las audaces unidades de MIG-23 que se apoderaron del dominio aéreo, avanzaban hacia la frontera de Namibia, dispuestas a barrer literalmente a las fuerzas sudafricanas que se acuartelaban en aquella dirección principal”. 

Las victorias en Cuito Cuanavale, y sobre todo el avance fulminante de la potente agrupación de tropas cubanas en el suroeste de Angola, pusieron punto final a la agresión militar extranjera. El enemigo tuvo que tragarse su habitual prepotencia y sentarse a la mesa de conversaciones.  Las negociaciones culminaron con los Acuerdos de Paz para el Suroeste de África, firmados por Sudáfrica, Angola y Cuba en la sede de la ONU en diciembre de 1988”. Fin de la cita.

Varios hechos importantes daban cuenta de un cambio radical e irreversible en la correlación de fuerzas sobre el terreno: por un lado la aplastante victoria en la batalla de Cuito Cuanavale, pero sobre todo, los desplazamientos hacia la frontera con Namibia por parte de varias Brigadas de Tanques con sus respectivos Grupos Tácticos Operativos, que totalizaban unos 600 medios blindados pesados. A esto se suma la conquista del control aéreo del sur, con la construcción en 10 semanas de un nuevo aeropuerto militar en Cahama, desde el cual se incrementó el radio de vuelo de la aviación de combate hasta más allá del norte de Namibia, además de una fuerte presencia de medios defensivos antiaéreos de todo tipo, complejidad y alcance, que cerró el cielo sobre el sur de Angola y lo hizo prácticamente invulnerable

En esta situación, el 26 de mayo de 1988 el jefe de las fuerzas armadas sudafricanas anunció que “fuerzas cubanas y de la SWAPO fuertemente armadas, integradas por primera vez, han avanzado hacia el sur a unos 60 kilómetros de la frontera con Namibia”. El 26 de junio el administrador general sudafricano de Namibia reconocía que MIG-23 cubanos estaban volando sobre Namibia, un cambio dramático de aquellos tiempos en que los cielos le pertenecían a las Fuerzas Armadas Sudafricanas. Y añadía que “la presencia de los cubanos había provocado una oleada de ansiedad en Sudáfrica”1. Obviamente, entre las fuerzas defensoras del apartheid.

En efecto, una poderosa agrupación de Brigadas de Tanques, que contaba con varias decenas de miles de soldados, miles de medios de todo tipo, incluida aviación de combate y transporte, una fuerte artillería terrestres y antiaérea, servicios médicos, entre otros, estaba lista moral, política, logística y técnicamente, en espera de la orden para iniciar la ofensiva hacia la frontera con Namibia, bastión del ejército sudafricano fascista e invasor.
Esta ofensiva había sido entrenada, sus rutas exploradas y aseguradas, los objetivos de cada una de las unidades independientes con capacidad táctica combativa fueron definidos y entrenados, con un alto nivel de eficacia.

El día 27 de junio de 1988 tuvo lugar una acción aérea relámpago contra las fuerzas sudafricanas de ocupación que estaban asentadas dentro de Angola, en las hidroeléctricas de Calueque y Racuaná, donde quedaría inscrito en la piedra: “los MIGs-23 nos partieron el corazón”. La CIA informó que “la manera exitosa con que Cuba ha utilizado su fuerza aérea y la aparente debilidad de las defensas antiaéreas de Pretoria subrayaban el hecho de que la Habana había logrado la superioridad aérea en el sur de Angola y en el norte de Namibia”2.

Los días posteriores al bombardeo de Calueque y Racuaná fueron tensos pero firmes en el Frente Sur, en espera de un contraataque de ejército sudafricano. Pero no se produjo. Como demostraron los hechos sobre el terreno, ante la extrema gravedad de su situación militar y política, Sudáfrica se retira.

Según Piero Gleijeses3, profesor de política exterior de Estados Unidos en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS), de la Universidad Johns Hopkins, al terminar una ronda de las negociaciones en marcha -El Cairo-, Chester Crocker, secretario de estado adjunto para África de los Estados Unidos, envió un cable al secretario de Estado George Shultz, diciendo que, “las conversaciones habían tenido como telón de fondo la tensión militar creciente por el avance hacia la frontera de Namibia de tropas cubanas fuertemente armadas en el suroeste de Angola. El avance cubano en el suroeste de Angola ha creado una dinámica militar impredecible”, informó Crocker a su gobierno.

Según Piero Gleijeses, la gran pregunta era entonces la siguiente: ¿se detendrían los cubanos en la frontera (de Angola con Namibia)? Para obtener la respuesta a esta pregunta, Chester Crocker se dirigió a Jorge Risquet, quien presidía la delegación cubana, y a quien preguntó directamente: “¿Cuba tiene la intención de detener su avance en la frontera entre Namibia y Angola?”.

Jorge Risquet le contestó de la siguiente manera: “si yo le dijera que no van a detenerse, yo estaría profiriendo una amenaza. Si yo le dijera que van a detenerse, yo le estaría dando un meprobamato, y yo ni quiero amenazar ni quiero darle un calmante, lo que he dicho es que solo los acuerdos sobre la independencia de Namibia pueden dar las garantías”. 

Durante las negociaciones cuatripartitas la parte sudafricana planteó inicialmente la posición de “retirarse a Namibia”, y no la de “reiterarse de Namibia”. La delegación cubana debió esclarecer la situación, dejando por sentado radicalmente: “la época de las aventuras militares, las agresiones impunes, de las masacres de refugiados ha finalizado…Sudáfrica está actuando como si fuera un ejército vencedor en vez de lo que es en realidad: un ejército agresor golpeado y en discreta retirada. Sudáfrica debe comprender que no obtendrá en esta mesa de negociaciones lo que no pudo lograr en el campo de batalla”. 

Como es conocido, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba estaban presentes en las negociaciones, así como la representación legítima del Gobierno Revolucionario de Cuba, junto al gobierno de Angola. A propósito, recuérdese que cuando se firma el tratado de París en 1898, sobre la finalización de la guerra Hispano-cubano-norteamericana, los EE. UU se opusieron férreamente a la presencia de Cuba en dicho Tratado. Y jamás EE. UU reconoció a los patriotas cubanos como “nación beligerante” en sus guerras contra España.

EE. UU quiso también evitar por todas las vías la presencia de Cuba en la mesa de negociaciones sobre Angola, Namibia y Sudáfrica, hasta que la correlación de fuerzas en el terreno militar dijo la última palabra y fue imposible excluir a Cuba. Según escribió Chester Crocker, también jefe de los “negociadores” norteamericanos en las conversaciones cuatripartitas, cuando él vio entrar en la sala a los representantes de Cuba, comprendió que “la negociación estaba a punto de cambiar para siempre”, y en un cable que envió a Schultz el 25 de agosto de 1988, le informó: “descubrir lo que piensan los cubanos es una forma de arte. Están preparados tanto para la guerra como para la paz. Hemos sido testigos de un gran refinamiento táctico y de una verdadera creatividad en la mesa de negociaciones. Esto tiene como telón de fondo las fulminantes acciones de Castro y el despliegue sin precedentes de sus soldados en el terreno”. 

Aquí es oportuno recordar la observación hecha por Fidel durante su segunda visita a Luanda, en1986, cito: “El imperialismo, el fascismo y el apartheid -dijo-, encuentran hoy fuerzas cubanas y angolanas multiplicadas muchas veces. Ese es el fruto directo de las agresiones imperialistas. Así hay que responder siempre a las agresiones imperialistas, así hay que sacar siempre la cosecha de las agresiones imperialistas. Y si en todas partes se respondiera siempre así a las agresiones imperialistas, es posible que tal vez ya no hubiera siquiera imperialismo. Claro, el imperialismo no será eterno. Pero es fuerte, es poderoso. Pero si sabemos responder con patriotismo y con internacionalismo, algo sí puede asegurarse con absoluta certeza: que la supervivencia del imperialismo será mucho más breve”. Fin de la cita.

También Cuba había planteado acertadamente sus exigencias en el campo diplomático durante los años de guerra en Angola. Si por un lado los imperialistas vinculaban la independencia de Namibia a la retirada de las tropas cubanas, Cuba y Angola plantearon estar dispuestos a acatar la Resolución 435 de las Naciones Unidas sobre la independencia de Namibia, pero aceptando retirar una parte, no todas las tropas. Cuba planteó que, si bien la independencia de Namibia era importante y justa, más importante, justa y decisiva —porque de ello depende todo lo demás para el futuro, para la seguridad y para la independencia del África austral— era la desaparición del apartheid.

Sobre este particular expresaría Fidel, cito, “cuando nosotros planteábamos esto estábamos estableciendo otra forma de vincular. Ellos quieren vincular la salida de las tropas cubanas de Angola con la independencia de Namibia y nosotros vinculamos la salida de las tropas cubanas de Angola con el cese y la desaparición del apartheid…estamos absolutamente seguros de que el día que no exista el apartheid no hará falta un solo soldado cubano en África ni en ningún otro país de la Línea del Frente. Cuando desaparezca el apartheid, desaparecerá automáticamente la colonización y ocupación de Namibia, desaparecerán automáticamente todas las amenazas que el fascismo implica para todos los países de la Línea del Frente y para todo el África”, y por eso “expresamos nuestra disposición de permanecer aquí hasta que ese cáncer sea extirpado”.

Se retirarán los soldados un día. Mas no se retirarán los médicos, no se retirarán los maestros, no se retirarán los colaboradores en la construcción y en las variadas esferas de la economía y los servicios de Angola, porque este país tendrá que recuperarse, tendrá que reconstruir, tendrá que restañar las heridas de tantos años de guerra. Y cuando tengamos menos soldados, podremos tener más médicos, más profesores, más maestros y más colaboradores civiles”. “¡Ese día llegará también! Ese día cuando no hagan falta los combatientes por la independencia, por la libertad, por la revolución, les harán entonces más falta que nunca los combatientes por la paz. O los combatientes de la paz. Pioneros en el combate por la paz para los pueblos del África austral han sido nuestros soldados”. Fin de la cita.

Y ese día llegó. La misión internacionalista de los voluntarios cubanos estaba cabalmente cumplida. Los combatientes iniciaron el regreso a la patria llevando consigo únicamente la amistad del pueblo angolano, las armas con que combatieron con modestia y valor a miles de kilómetros de su patria, la satisfacción del deber cumplido y los restos gloriosos de los hermanos caídos. Su aporte resultó decisivo para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia. Fue además una contribución significativa a la liberación de Zimbabwe y la desaparición del régimen del apartheid en Sudáfrica.

Para Fidel, “el cumplimiento de los deberes internacionalistas nos ha dejado lecciones, nos ha dejado valores, nos ha dejado virtudes. Por tanto, en vez de esperar las gracias de aquellos con los que hemos colaborado, en vez de esperar las gracias de aquellos con los que hemos cumplido nuestros deberes internacionalistas, debemos decirles a nuestros hermanos: ¡Gracias! ¡Gracias porque el cumplimiento de estos deberes nos ha hecho mejores, porque el cumplimiento de estos deberes nos ha hecho más dignos, porque el cumplimiento de estos deberes ha hecho a nuestro pueblo más grande!”. Fin de la cita.

El alcance histórico de la epopeya internacionalista cubana fue más de una vez resaltado por Nelson Mandela, gracias a cuya lucha integradora al frente del Congreso Nacional Africano, y del pueblo negro de Sudáfrica, surgiría la nueva Sudáfrica, una nación no supremacista ni racial. Sudáfrica era y es una potencia regional, que, en 1991, cuando termina la guerra, producía el 50 por ciento de la electricidad del continente, el 85 por ciento del acero y el 97 por ciento del carbón; que transportaba el 69 por ciento de toda la carga ferroviaria, poseía el 32 por ciento de todos los vehículos motorizados y el 45 por ciento de los caminos pavimentados del continente. 

Sudáfrica es un país hermano de Cuba. No sin razón, Cuba sería el primer país visitado por el presidente y hermano Nelson Mandela (1991). Y en septiembre de 1998 Fidel Castro hizo una histórica visita a Sudáfrica.

Para el pueblo cubano -dijo Mandela en Cuba en 19914 -, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad. Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro territorio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros. Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola —en una escala tal que nos era difícil creerlo— cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975”.

¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África! ¡…dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía! ¡…le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia! ¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco! ¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica! ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! ¡Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!”

Para Mandela, “los internacionalistas cubanos, hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan. Pero la lección más importante que ustedes pueden ofrecernos -dijo-, es que no importa cuáles sean las adversidades, no importa cuáles sean las dificultades contra las que haya que luchar, ¡no puede haber jamás claudicación! ¡Es un caso de libertad o muerte!”

Años después, en 2005, la Sra. Thenjiwe Mtintso, embajadora de Sudáfrica en Cuba, expresaría una importante idea sobre el significado histórico de esta batalla conjunta entre cubanos y africanos contra el fascismo, vista a la luz de la actualidad y del futuro: “hoy Sudáfrica tiene muchos nuevos amigos -dijo Mtintso- Ayer estos amigos se referían a nuestros líderes y a nuestros combatientes como terroristas y nos acosaban desde sus países a la vez que apoyaban a la Sudáfrica del Apartheid. Esos mismos amigos hoy quieren que nosotros denunciemos y aislemos a Cuba. Nuestra respuesta es muy simple: es la sangre de los mártires cubanos y no de estos amigos la que corre profundamente en la tierra africana y nutre el árbol de libertad en nuestra Patria”.

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El pueblo cubano es un pueblo de paz. Su fuerza no radica en sus armas. Radica en sus ideas y principios. Sería un error pensar que al pueblo cubano lo mueven sentimientos guerreristas y ofensivos.

Existen importantes factores históricos que habilitan la compresión del espíritu y la práctica internacionalista del pueblo cubano, que no son factores militares, de los cuales vale la pena resaltar dos: nuestra sentida deuda histórica con los ancestros africanos -de los que venimos- y la existencia de una cultura de la solidaridad como rasgo de nuestra Nación.

La deuda histórica con nuestros ancestros africanos.

El flagelo de “los descubrimientos” geográficos con fines de conquista y apropiación colonial conllevó a la extinción de las poblaciones aborígenes en América, a las colonizaciones masivas y la esclavitud; las agresiones y ocupaciones de países por potencias extranjeras saquearon en gran escala los recursos naturales; el capitalismo, el imperialismo, el fascismo y el apartheid, provocaron la desigual distribución de las riquezas, las hegemonías, y generaron criminales diferencias económicas, políticas, culturales, raciales, étnicas y humanas en la civilización.

Una prueba de ello es que setenta millones de indios fueron exterminados en el hemisferio americano por la explotación despiadada, el trabajo esclavo, las enfermedades importadas, o el filo de la espada de los conquistadores. Otra prueba es que doce millones de africanos fueron arrancados de sus aldeas, de sus hogares y trasladados a América repletos de cadenas para trabajar como esclavos en las plantaciones, sin contar los millones que se ahogaron o murieron en las travesías.

Los viajes de África a Cuba, de acuerdo con los vientos, podían demorar en aquellos veleros cargados de “piezas africanas”, como se les llamaba a los negros y negras esclavos, hasta ochenta días. Existen testimonios de los horrores del hacinamiento de las negradas en aquellas travesías: falta de aire, de comida, llenos de orines y excrementos, epidemias y todo género de sufrimientos. En otros casos, cuando se desataban epidemias o el barco podía ser capturado, simplemente echaban al agua a aquellos infelices para que murieran ahogados.

Cuando los negros llegaban a Cuba y los encerraban en los barracones, generalmente los marcaban con un hierro caliente al rojo vivo para indicar el nombre de su nuevo dueño. Si algunos africanos rebeldes se negaban a comer, los traficantes les quemaban los labios con carbones ardientes. A quienes se rebelaban o alzaban, peleando hasta morir, los descuartizaban y colgaban sus cabezas a la vista de todos como escarmiento. Eso le hicieron a Carlota, la negra africana que se rebeló contra los esclavistas en el ingenio Triunvirato de Matanzas. La descuartizaron y colgaron su cabeza en un palo. No en vano en 1975 su nombre dio origen a la Operación Carlota.

Se comprenden entonces mejor las palabras de Fidel ante el Paramento de Sudáfrica en septiembre de 1998: “Sobre la conciencia del Occidente civilizado y cristiano, como gusta de calificarse a sí mismo, pesan muchos crímenes en la historia.  No solo aquellos que en Sudáfrica idearon y aplicaron el sistema del apartheid, tienen que sentir sobre ellos todo el peso de la culpa”.

La esclavitud en América, tragedia humana, fue alimentada por el comercio de esclavos africanos por parte de potencias europeas entre los siglos XVI y XIX. Desde 1517 el rey Carlos I de España firmó el permiso para la introducción de esclavos africanos en las islas caribeñas. Cuba fue un territorio “descubierto”, ocupado, apropiado, saqueado, su población aborigen fue extinguida, fue colonizado y convertido en un país de esclavos. Ya en 1518 había esclavos en Cuba. Hasta 1763 habían entrado 60 000. Entre esta fecha y 1886, año en que se abolió la esclavitud, entró casi un millón de esclavos africanos.

En 1867, un año antes de que se iniciara la Guerra de Independencia, había 345 741 esclavos africanos. Si se desea comparar, téngase en cuenta -según algunas fuentes-, que en la gran polis de Atenas de la época clásica vivían en torno a 430.000 habitantes. No se conoce de forma segura el porcentaje que los esclavos representarían del total, pero las cifras más altas hablan de hasta un 35%. Así, se estima que solo en la poli ateniense había entre 60.000 y 150.000 esclavos.

El 27 de diciembre de 1868Carlos Manuel de Céspedes, en su condición revolucionaria de Capitán General de la Revolución diría: “La revolución de Cuba, al proclamar la independencia de la patria, ha proclamado con ella todas las libertades, y mal podría aceptar la grande inconsecuencia de limitar aquellas a una parte de la población del país. Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista y la abolición de las Instituciones debe comprender y comprende por necesidad y por razón de la más alta justicia la de la esclavitud como la más inicua de todas”.

En el continente americano los esclavos africanos fueron los primeros en sublevarse contra la dominación colonial desde el siglo XVI. Grandes sublevaciones en Jamaica, Barbados y otros países tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XVIII, mucho antes de la sublevación de los colonos norteamericanos a fines de ese propio siglo.  La primera república en América Latina fue creada por los esclavos de Haití.  En Cuba, años después, heroicas y masivas sublevaciones de esclavos tuvieron lugar.  Los esclavos de origen africano señalaron el camino de la libertad en América y en particular en Cuba. Fueron inspiradores de nuestra libertad. De modo que la deuda histórica con sus ancestros africanos es un sentimiento que subyace en el alma de Cuba. Son parte de nuestras raíces como Nación. Lo mismo sucede con nuestras raíces españolas.

La cultura de la solidaridad es un rasgo de la Nación cubana.

El ejercicio de una solidaridad concreta hacia las causas nobles de la humanidad, como la independencia nacional y la justicia social, fue, es, y con seguridad seguirá siendo un rasgo de la Nación cubana desde los siglos pasados.
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Cuando en 1780, durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, las tropas de George Washington se empantanaron en una terrible situación económica que le impedía adquirir suministros bélicos, alimentos, medicinas y ropa, el General Jean Baptiste Rochambeau, Comandante de las fuerzas francesas aliadas que luchaban junto a EEUU por su Independencia de Inglaterra, envió un mensaje al capitán de una flota francesa entonces anclada en Haití, implorando fondos: “No voy a ocultarle -dijo el Comandante francés-, que los seguidores de Washington están al quedarse sin recursos y que este no tendrá ni la mitad de las tropas que necesita para defender Virginia”.

En estas dramáticas condiciones, los franceses radicados en el entonces muy próspero y colonial Haití, le respondieron así a su coterráneo: “Nous n`avons pa´s d´argent”. La flota navegó a la Habana y allí informó de la desesperada situación de la revolución en EEUU. De inmediato se organizó una colecta.

El grupo “Damas de la Habana” reunió y donó 1 millón 200 mil libras de plata, equivalente hoy a 25 millones de dólares. Fue un aporte voluntario de los habitantes de La Habana, Matanzas y Pinar del Río a la guerra por la Independencia de Estados Unidos contra una potencia extranjera ocupante. La contribución desinteresada permitió continuar las acciones bélicas. Según historiadores, cuando la fragata que transportó el dinero llegó a Virgina en septiembre de 1781 y George Washington conoció de la noticia sobre el regalo procedente de La Habana, perdió su sobria y habitual compostura, y en señal de alegría se quitó el sombrero y lo arrojó al aire.

Algo más de un mes después, el 31 de octubre de 1781, tuvo lugar la batalla de Yorktown, decisiva para la Independencia de los Estados Unidos. Ese día el general Charles Cornwallis, jefe de las tropas inglesas, entregó su sable al general Washington. Había terminado la guerra de independencia. Está documentado, además, que existe una relación de 27 cubanos que hicieron préstamos por valor de 4 millones 520 mil dólares a la guerra de independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra.

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La sangrante guerra civil española de 1936-1939: hito del internacionalismo revolucionario.

Yo me voy a España ahora, a la revolución española, donde palpitan las angustias del mundo entero de los oprimidos”. Estas palabras de Pablo de la Torriente Brau, periodista y voluntario cubano de 35 años, muerto con las armas en la mano luchando en las cercanías de Madrid, quien llegó a ser comisario político en la Décima Brigada Mixta, simbolizan el sentir de los 1 225 voluntarios cubanos que fueron a pelear contra el fascismo en las filas republicanas durante la guerra civil española de 1936-1939. Otra investigación habla de la participación de 1 412 cubanos, y también lo ubica como el mayor contingente nacional entre los 54 países que aportaron combatientes a la gesta y un hecho curioso es que incluso 15 turistas cubanos que estaban visitando la Exposición Universal de París se sumaron a las Brigadas Internacionales y fueron a pelear por la República.

No hubo rencores. Esta nueva España que generó tanta solidaridad en Cuba, no era ya para el imaginario de los voluntarios internacionalistas antifascistas cubanos la España colonial y esclavista contra la que Cuba libró dos Guerra por su Independencia. Un centenar de cubanos perdió la vida en dicha contienda y 130 fueron ascendidos a grados de oficiales.

En Cuba, además, había sido creada la Asociación Nacional de Ayuda al Pueblo Español. Quienes no se movilizaron hacia España aportaron, en muchos casos, lo poco que tenían, por lo que existió un flujo permanente de dinero o especies, provenientes de pequeñas aportaciones a lo largo de toda la isla. Fueron enviadas a las filas republicanas toneladas de leche en polvo, azúcar o tabaco. Fue creado también el Comité de Ayuda al Niño Español, que logró instalar una escuela-hogar infantil cerca de Barcelona, bajo el nombre de Pueblo de Cuba, a la que dotaron además de una camioneta y una ambulancia. Esta ayuda pudo extenderse a los cientos de niños evacuados en Francia o México.

3

Tres cubanos integraron el Ejército Rojo durante la Gran Guerra Patria en la URSS (1941-1945), cayendo dos en combate. Durante la liberación de Polonia murió Enrique Vilar, siendo comandante de un pelotón de fusileros. Aldo Vivó moriría en combate contra los fascistas durante el bloqueo a Leningrado, y su hermano Jorge Vivó sobreviviría después de ser evacuado a Kazajistán gravemente herido.
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Cuba ha combatido tanto por la libertad como por la construcción pacífica de África. La primera brigada de ayuda médica cubana prestó sus servicios en África, en 1963 (Argelia). Cuba creó universidades de medicina en Etiopía, Uganda, Ghana, Gambia, Guinea Ecuatorial, Guinea-Bissau. El programa Operación Milagro abarca pacientes del continente africano. En 2014, ante el pedido de la ONU y la Organización Mundial de la Salud, 262 médicos y enfermeras cubanos partieron a Sierra Leona, Guinea y Liberia a combatir el Ébola, permaneciendo en la región por 7 meses, hasta controlar la epidemia. Gracias al método educacional “Yo sí puedo”, más de 2,5 millones de personas han aprendido a leer y a escribir en Mozambique y 1,4 millones en Angola. En los centros de enseñanza de Cuba se han graduado ya 26 294 profesionales y técnicos africanos, y se han adiestrado 5 850.  Al mismo tiempo, 80 524 colaboradores civiles cubanos, de ellos 24 714 médicos, estomatólogos, enfermeras y técnicos de la salud, profesores, maestros, ingenieros y otros profesionales y trabajadores calificados, han prestado servicios internacionalistas en África. 

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La deuda histórica con sus ancestros y la cultura de la solidaridad como un rasgo de su Nación, son dos factores históricos que habilitan la compresión del espíritu internacionalista del pueblo cubano en la guerra de Angola y dos factores que rebasan las urgencias de una guerra, porque son aplicables también a la paz y a la vida. Este sentimiento de solidaridad fue llevado a su máxima expresión por la Revolución cubana de 1959, que lo elevó desde el estatus de filantropía y caridad, al de justicia social y amor, lo convirtió en un principio político, social y económico, vista la solidaridad como una doctrina y una práctica del Socialismo, como un deber de la especie humana con la especie humana. Es la esencia de la obra de Harry Villegas “Pombo”, “Cuba y Angola: la guerra por la libertad”.

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1Piero Gleijeses. Cuito Cuanavale: La batalla que terminó con el Apartheid. Cubadebate. 23 marzo 2013. 
2Ibidem. 
3Ha publicado entre otros libros: “Visiones de la Libertad: La Habana, Washington, Pretoria y la lucha por el sur de África, 1976-1991 
4Nelson Mandela. África tiene una gran deuda con Cuba https://www.elviejotopo.com/topo.com
5Cubanos en la Independencia de Estados Unidos https://alainet.org 
6Vicente González Vicente. Aquellos mil cubanos. 4 de diciembre de 2016; Cuba, el país con más voluntarios en la Guerra Civil española https://laiformacion.com/arte cultura y espectáculos/historia/; Cubanos en la Guerra Civil Española, historia semiolvidada, Granma, 25 de diciembre de 2013; Milena Rodríguez Gutiérrez (Universidad de Granada). Los cubanos ante la guerra civil española. Número 15, Año 2015; Mirtha Núñez Díaz-Balart. Los voluntarios cubanos en la guerra civil española. Publicado en Historia de Cuba.

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